Milésima en la Tacuara

"siempre igual, son todos iguales. Los hijos de puta No cambian más. Cambia la máscara, pero después son lo mismo".
Típicas palabras de Mario, mirando la tv con la imagen de un político de turno en una pantalla amarillenta que alguna vez fue a color. Rastros de tiempos mejores, como lo tuvo "la tacuara".
Grandes momentos vivió esta agencia de quiniela, que pasó por muchas etapas. Subidas, bajadas, cambios de gobierno y tantos otros momentos quisieron que la tacuara fuera hoy en día la más antigua agencia de quiniela del pueblo, pero también la más ajada.
Las paredes descascaradas y húmedas, los pisos ásperos de mosaicos venidos a menos de tanto pisar. Artefactos en las paredes, remedos de lo que alguna vez simulaban ser una ruleta, en donde apretando un botón ubicado en el medio, una luz en los números del 0 al 99 buscando decirte tu número de la suerte. Hoy cuelga su enchufe, apagado está por no tener ya casi luces.
Ya nada es igual a su inicio, ni siquiera Don Cárdenas, el único dueño que tuvo la agencia en 50 años. Pasó tiempo desde ese Cárdenas a este. Antes, buen mozo de sonrisa segura y peinado engominado. Hoy Solo queda un rostro apagado, de ojos hundidos y cabeza vacía y brillante.
Donde antes podían oirse charlas animosas, hoy solo salen fonemas de palabras cortantes con olor a tabaco.
"Decime" solo decía, esperando a que Mario le cante los mismos números de siempre, los mismos números que no quería dejar de probar por " no vaya a ser que hoy salgan".
Suerte que los números son infinitos y no importa que se repitan, mañana va a estar ahí para que Mario lo juegue. Sino que tiempo hubiesen desaparecido el 976 y el 76, ya que 30 años repitiendo la misma terna los hubiese agotado. Pero Mario no es cualquiera, él es una persona paciente. Esperar era lo suyo.
- jugame al 976 y al 76, nacional y provincia, cabeza y 10, ponele 1000.
Esto suma un total de $8000, que Mario sacaba suelto del bolsillo del pantalón quemado por la cal. Sus dedos secos y ásperos, humedecidos por una lengua acostumbrada al sabor del polvo de cemento. Contaba con avidez ocho billetes que soltaba sobre el mostrador, mientras le entregaba su boleta. Mario la agarraba mientras miraba la pantalla del TV de tubo, que dibujaba la cara de un tipo, que según sus palabras, es "el que nos representa".
Y Mario miraba esa cara, y se miraba a él en el reflejo del Vidrio; miraba el traje y la corbata pulcros de polvo y sudor, para luego mirar sus trazas. Y pensó "este no me representa, nada" recordó todos los trajes y corbatas que pasaron antes, todos esos representantes de lo que no es él y pensó "son todos iguales".
Fue entonces que notó el patrón: en lo único en que se vio representado es en la constante. Todos esos que cambiaron y eran lo mismo, y él haciendo lo mismo con tantos cambios.
Las paredes descascaradas, 976. Máquina de los números desenchufada, 76. Viejo Cárdenas, nacional. adoquines ásperos, y provincia. La pantalla amarillenta, cabeza. El tipo en la pantalla, y 10.
Se vio él todo en el reflejo, con las manos ásperas y cansadas, la ropa con manchas de cal, la piel sabor a cemento, la cara cansada. Y volvió a sonar en su cabeza " 976 y 76, nacional y provincia, cabeza y 10"
Los tipos a la cabeza cambiaban, en la nacional y en la provincia, y él no entraba ni en los 10.
En esa milésima se dio cuenta que no tenía premio, era el único constante en la Inmensidad del cambio.
El mundo entero era el infinito que existe entre el cero y el uno, a él le tocó ser esa coma que no cambia, siempre persiguiendo el uno, pero que no va a alcanzar porque cuando lo haga ya no va a estar ahí. Porque nadie necesita una coma junto a un número entero.
Miró la tele, miro a Don Cárdenas, y miró la máquina desenchufada. Miro los adoquines, miró la pared, miro el reflejo y dijo en voz alta "estoy cansado de siempre lo mismo".
Se miraron fijo, él y Cárdenas. Este último aún sin entender que pasaba, Mario con la mirada desafiante y segura lo miró, con la decisión de quien conoce el resto de su destino y lo espera con puño cerrado.
Luego dijo sin miedo a lo que vendrá: " júgame también al 679 y al 79, nacional y provincia, cabeza y 10. Vamos a cambiar un poco y veamos que nos depara mañana". 

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