la Nostalgia
Hoy me quedé un rato más en el laburo, había que ordenar unos papeles que se habían quedado en el tintero. Fui hasta la parada del bondi, tomé el 234, y me dirigí a casa.
De camino me recosté en el asiento
y por alguna razón, me vinieron imágenes a la mente,
imágenes de mi niñez.
En cómo salía con la bici a buscar a Maxi, y nos íbamos al kiosco a comprar chicles por cuatro pesos. Ahora no te alcanzan para uno, pero en ése entonces valían cinco centavos. Claro que no nos duraban nada, porque nos metíamos un puñado en la boca, y casi no podíamos hablar. Qué risa.
Me salí de mis recuerdos por un momento,
me sacaron mejor dicho, unos gritos, unos insultos. Tan ido en mis recuerdos estaba que no me había dado cuenta de que había subido una chica embarazada, y me pedían que le cediera el asiento.
En qué estaba. Ah sí…
Después, con las bicis, nos escapábamos por un camino de tierra hasta una fábrica abandonada, donde practicábamos con la gomera. No le apuntábamos a las palomas, porque nos daba pena, pero a los ratones… pobres bichos. El tendal dejábamos.
También tirábamos a latas de pintura, vidrios y las viejas lámparas que colgaban del alto techo, no quedó ninguna entera. Excepto una que estaba dentro de lo que parecía ser una oficina. No podíamos entrar ahí, porque estaba en el segundo piso, y la única escalera que había estaba hecha pedazos en el suelo de la planta baja.
La única forma de verla era por un tragaluz sobre la puerta, sin vidrio ya, pero era mucha distancia para nosotros y nuestras gomeras.
La última vez que fuimos a la fábrica, fue cuando Maxi me dijo que se iba a mudar. Él y su familia se iban a otra provincia, por trabajo creo.
Pero esa tarde no hablamos de eso, solo nos prometimos escribirnos cartas. Pero no fue nuestra primera preocupación, en su lugar planeamos cómo hacer cada uno
más rápidas nuestras bicis,
que ponerles en caso de tener que subir una montaña,
que modificar en caso de hacerlas submarinas.
En fin, cosas de la edad.
Cuando ya se hizo tarde, le dije a Maxi: “Esperame, lo voy a intentar una vez más”. Y me
Cuando ya se nos hizo la hora de volver, le dije a Maxi: “Esperame, voy a probar una vez más”. Y me trepé a unas cajas de madera que había por ahí, miré la lámpara que nunca habíamos podido romper, le apunté con la gomera y tiré.
Fue un tiro perfecto, uno solo. Vimos los cristales caer dentro de la oficina. Nos abrazamos como locos, gritando de alegría. Así, abrazados y felices, fuimos hasta las bicis.
Después nos despedimos, como si nos fuéramos a ver al día siguiente.
No lo vi más.
No sé qué habrá sido de él, teníamos nueve años en ese entonces, ayer cumplí cincuenta, salí antes del trabajo para estar con mi mujer, mis hijos, mis nueras y mis nietos.
Por eso se me acumuló el papeleo. Qué habrá sido de Maxi, ¿se habrá casado? ¿Tendrá nietos? ¿Cuántos?
Estaba pensando en estas cosas cuando el bondi llegó a mi parada, bajé y me fui al kiosco.
Ahora que lo pienso, je. ¡La cara del kiosquero! je je.
Pero bueno. Compré diez chicles y delante del kiosquero me metí todos en la boca.
La nostalgia, ¿vio?
Comentarios
Publicar un comentario