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Schrodinger

A las nueve de la mañana, el sol californiano ya pegaba con fuerza en el asfalto recalentado de S. Gaffey Street, a la altura del 3800. Allí, al costado del camino, yacía un cuerpo. Un hombre de aspecto latino, la edad marcada en cada arruga de su rostro, aparentando unos ochenta años. Para la policía local, un indigente más, uno de tantos fantasmas que deambulan por las calles sin dejar rastro. Sin embargo, había algo que no cuadraba. Nadie en la zona recordaba haberlo visto antes. No era de los que se instalaban en las esquinas conocidas, no tenía la red de invisibles lazos que suelen unir a los sin techo.   Pero la peculiaridad de su hallazgo iba mucho más allá de su reciente aparición. Lo encontraron metido, a la fuerza, dentro de una caja cúbica de apenas sesenta centímetros. Sus piernas, quebradas hacia adelante con una violencia escalofriante, sus brazos dislocados, su espalda partida en dos. Una macabra obra de ingeniería para que cupiera en ese ataúd improvisado.   En...

El problema de romantizar a la lluvia

  ¿Sabes qué pasa con la lluvia? Que no limpia nada. Romantizarla no es más que la muestra De que no sabemos ni siquiera mojarnos Sin culpar al pasado. “Lluvia que todo lo limpia” Es fácil decir eso, Cuando pisaste asfalto toda la vida. Porque cuando tus calles siempre fueron tierra, La lluvia acrecienta el problema. Y arruina la poca estabilidad que te daba el sol. Porque cuando la lluvia pasó El suelo aunque se seque, queda desparejo, marcado por esos vehículos que pasaron, Haciendo que te tropieces en el recuerdo  De su pasó por tu calle. Tarde o temprano Tu suelo se va a emparejar, Pero es cuestión de rogar Que no llueva de nuevo.

¿Qué tiene que hacer uno para que le sirvan un buen café?

¿Qué tiene que hacer uno para que le sirvan un buen café? No pido nada, buen sabor, ni muy caliente, ni muy frío, no tan dulce, café con sabor a café… No las maquinistas de mierdas esas que le pones una pastilla y te saca un pseudo café con sabores a lo que sea, menos a café. Que hermosa época esa en la que ibas a desayunar y te servían un elixir negro marrón, oscuro como alma condenada. Con una pizca de azúcar,  lo suficiente para endulzarlo, pero no tanto para cambiar el sabor. Es más,  él café se toma en lo posible amargo. Esa manía que tiene la gente de endulzar todo hasta el asco. Nada de lo que nosotros probablemente comimos está absento de azúcar, hasta las papas fritas le ponen azúcar, para caramelizar. Que producto de mierda el azúcar, es toda una mafia. Atrás del azúcar están los productores que explotan a sus empleados, les pagan miserias mientras que ellos se llenan los bolsillos. Hijos de puta explotadores, las clases sociales siempre son iguales, los 5 que más ti...

mentiste

“Nunca te vas a olvidar de mi” Dijiste, cuando te fuiste. Entonces noté tu mentir. Me acuerdo de todo, Tu pelo, su olor Su color, Cada mechón.  Pero ya no me acuerdo de vos. Recuerdo tu boca, tus dientes, Tus labios Y su rojo ardiente Pero, sinceramente, ya no me acuerdo de vos. Recuerdo tu piel, Su tono, Sus sombras, Y su olor a dulce, dulce miel. Pero, aunque te cueste creer, Ya no me acuerdo de vos. Detalles menores, Pero que a tus rasgos hacen mejores. Tus pestañas largas, Tu cintura curva, Y los lunares en la espalda. Pero, aunque parezca que te recuerdo tanto, Ya no me acuerdo de vos.  ¿Sabés que si me acuerdo? Como me sentía cuando estaba con vos, Olerte el pelo, Besarte los labios, Y hacerte el amor. Pero, con todo eso, Ya no me acuerdo de vos. Porque por suerte soy desmemoriado, Y me olvido de todo lo malo, Ojalá recordara las veces Que por tu culpa terminé llorando. Porque por suerte soy ese tarado, Que se olvida de tanto pasado… Dejando afuera tanto sufrido, Y recor...

Milésima en la Tacuara

"siempre igual, son todos iguales. Los hijos de puta No cambian más. Cambia la máscara, pero después son lo mismo". Típicas palabras de Mario, mirando la tv con la imagen de un político de turno en una pantalla amarillenta que alguna vez fue a color. Rastros de tiempos mejores, como lo tuvo "la tacuara". Grandes momentos vivió esta agencia de quiniela, que pasó por muchas etapas. Subidas, bajadas, cambios de gobierno y tantos otros momentos quisieron que la tacuara fuera hoy en día la más antigua agencia de quiniela del pueblo, pero también la más ajada. Las paredes descascaradas y húmedas, los pisos ásperos de mosaicos venidos a menos de tanto pisar. Artefactos en las paredes, remedos de lo que alguna vez simulaban ser una ruleta, en donde apretando un botón ubicado en el medio, una luz en los números del 0 al 99 buscando decirte tu número de la suerte. Hoy cuelga su enchufe, apagado está por no tener ya casi luces. Ya nada es igual a su inicio, ni siquiera Don Cár...

Las Fuerzas de su cielo

Cuando su banquete celestial,       Dependa de nuestro rechinar de dientes. Cuando su ejército de cielo,       Dependa de nuestro suelo ardiente. Cuando la fuerza de su señor,       Dependa de nuestros cuerpos convalecientes.                         Entonces seremos los rebeldes. Cuando su salvación,        Dependa de nuestros plegarias. Cuando su perdón,        Dependa de nuestras condenas. Cuando su amor,        Dependa de nuestras desgracias.                          Entonces seremos los malos. Cuando su Dios baje,   Cuando su luz nos ilumine,     Cuando su amor nos caliente,       Cuando su abrigo nos cubra.       Ya no necesitaremos que nos cubran. Sino libertad.     Ya no necesitaremos su calor, ya es...

la Nostalgia

Hoy me quedé un rato más en el laburo, había que ordenar unos papeles que se habían quedado en el tintero. Fui hasta la parada del bondi, tomé el 234, y me dirigí a casa. De camino me recosté en el asiento  y por alguna razón, me vinieron imágenes a la mente, imágenes de mi niñez. En cómo salía con la bici a buscar a Maxi, y nos íbamos al kiosco a comprar chicles por cuatro pesos. Ahora no te alcanzan para uno, pero en ése entonces valían cinco centavos. Claro que no nos duraban nada, porque nos metíamos un puñado en la boca, y casi no podíamos hablar. Qué risa. Me salí de mis recuerdos por un momento, me sacaron mejor dicho, unos gritos, unos insultos. Tan ido en mis recuerdos estaba que no me había dado cuenta de que había subido una chica embarazada, y me pedían que le cediera el asiento. En qué estaba. Ah sí… Después, con las bicis, nos escapábamos por un camino de tierra hasta una fábrica abandonada, donde practicábamos con la gomera. No le apuntábamos a las palomas, porque n...